HabÃa una vez un campesino chino, pobre pero sabio, que trabajaba la tierra duramente con su hijo. Un dÃa el hijo le dijo: -¡Padre, qué desgracia! Se nos ha ido el caballo. -¿Por qué le llamas desgracia? -respondió el padre. Veremos lo que trae el tiempo... A los pocos dÃas el caballo regresó, acompañado de otro caballo. -¡Padre, qué suerte! - exclamó esta vez el muchacho. Nuestro caballo ha traÃdo otro caballo. -Por qué le llamas suerte? - repuso el padre. Veamos qué nos trae el tiempo.
En unos cuantos dÃas más, el muchacho quiso montar el caballo nuevo, y éste, no acostumbrado al jinete, se encabritó y lo arrojó al suelo. El muchacho se quebró una pierna.
-¡Padre, qué desgracia! - exclamó ahora el muchacho. ¡Me he quebrado la pierna! Y el padre, retomando su experiencia y sabidurÃa, sentenció: ¿Por qué le llamas desgracia?
Veamos lo que trae el tiempo!
El muchacho no se convencÃa de la respuesta sino que gimoteaba en su cama. Pocos dÃas después pasaron por la aldea los enviados del rey, buscando jóvenes para levárselos a la guerra. Vinieron a la casa del anciano, pero como vieron al joven con su pierna entablillada, lo dejaron y siguieron de largo.
El joven comprendió entonces que nunca hay que dar ni la desgracia ni la fortuna como absolutas, sino que siempre hay que darle tiempo al tiempo, para ver si algo es malo o bueno.
La moraleja de este antiguo consejo chino es que la vida da tantas vueltas, y es tan paradójico su desarrollo, que lo malo se hace bueno, y lo bueno malo. Lo mejor es esperar siempre el dÃa de mañana.
Gracias Jorge Rusbell por compartirme este consejo, veremos lo que trae el tiempo.
Fernando Garza.







