La madre o padre de familia que reproduciendo patrones de conducta desde sus ancestros siguen descargando la furia y frustración del día contra sus hijos, porque posiblemente el pequeño o pequeña no se terminó el desayuno que amablemente mamá le preparó por la mañana, ¡El pantalón roto!, ¿Crees que me regalan el dinero? ¡No seas tonto (a) fíjate cómo haces la tarea! La clásica mamá que tan pronto como entra papá el recuento de las travesuras de sus pequeños se han convertido en la tragedia del día, aunado a los altos precios del súper, los comentarios ponzoñosos de la vecina, las crítica de las amigas y demás situaciones que hacen que la fuente inagotable de palabras tenga que recibirlas "papá", que si bien estuvo todo el día en la oficina, lidió con alguna situación parecida y como premio de consolación se le obsequió la verborrea idílica que le esperaba en casa.
¿Y los pensamientos que creó él en medio del tráfico, las palabras vociferadas? Estoy segura que no fueron los más cordiales para el conductor de adelante, ni para el de 100 m más adelante quien por llevar a cabo su buena acción del día cedió el paso a la anciana del bastón, que si la copiadora no funcionó en el momento adecuado, si la llamada que esperaba no llegó, el cliente, los proveedores, en fin todo ello, día con día, minuto a minuto hace que nuestros pensamientos no se detengan, mucho menos cuando de expulsarlos con palabras se trata, “Es ahora o nunca”, “Pobre del que se pare frente a uno”, la secretaria, el hijo, la esposa, hasta por no perder la costumbre, le recordamos al otro a la bendita mujer que le ha dado la vida.
Y eso señores... ¡Ya impactó!, en su vida, en sus actos, en los demás… de ahí que concuerde con la idea de que uno debe ser impecable con las palabras, tanto en las buenas como en las malas, incluso en el orden que les damos, porque órdenes damos todos los días ¿o no?
No se trata de quebrarnos la cabeza ordenando cuál poner antes de una u otra y luego expresarlas, o primero expresarlas y luego ordenarlas... ¿?, cosa que nunca sucede ¿verdad? Pero sí es trabajo diario el ¿cómo queremos que los demás las entiendan?, Impacten, se transmitan y se conviertan en acciones.
Por ejemplo: No es lo mismo decir que alguien es muy testarudo, o decir que es muy obstinado, o decir que es tozudo, o terco, o incluso cabezón. Cada una de nuestras palabras lleva en sí misma una carga de connotaciones de las que es imposible escapar.
OJO, No se trata de descubrir el hilo negro, ni de pelear por descubrir quién fue primero si el huevo o la gallina, incluso en la literatura divina se nos ha dejado claro, “En un principio el verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”.
Aprendamos a distinguir nuestras palabras, entendamos lo siguiente:
"Roberto, cuando salgas a la calle, acuérdate de comprar las manzanas que te encargué"
Nada que ver con: "Roberto, acuérdate de comprar las manzanas que te encargué, cuando salgas a la calle"
Nada que ver una frase con otra, aunque parece lo mismo, no es igual. Si nos queda muy claro en el albur mexicano y, además nos divierte y distingue cuanto y más razón tenerlo presente en nuestro argot cotidiano.
Pero resulta que hace poco, divagando por la red me encontré con un video de Masaru Emoto (Graduado en Relaciones Internacionales por la Universidad Municipal de Yokohama) donde una mujer daba a conocer una serie de imágenes de las moléculas de agua que habían sido tomadas cuando la palabra que se le emitió fue positiva o negativa, ¿Cómo reacciona en H2O?… Creo que me llevará tiempo entender todos los procesos bio-moleculares, científicos y las investigaciones mencionadas respecto a la bendita Agua, ¡Ojo!… no es lo mismo hablar de Agua bendita.
Al final del día reafirmé que yo Nadir Hernández, soy el resultado de un experimento divino, que no estuvo a prueba de ensayo y error porque aun en ese proceso creador, el amigo que llevaba toda mi carga genética tenia que llegar a su destino, ninguno antes, ninguno después, pero estoy segura, de que después de ver ese video, renovaba el compromiso de no sólo ser impecable únicamente con mis palabras, sino en pensarlas dos veces antes de trasmitirlas. ¡Cuidado! Llámese Esposo (a), Hijos, Compañeros de Trabajo, Jefes, Colaboradores, Socios, Talleristas, quien sea que se te ponga enfrente.
Bajo la filosofía de que uno da lo que posee, quiero darle al mundo y, especialmente a mi entorno, aquello que me compone, que soy, que me hace trascender. Cuando uno da lo mejor de sí, debería recibir lo mismo, desde la palabra amable, el gesto, la acción y la reacción.
Cierta o falsa la información difundida en estos videos, si de algo estoy completamente cierta, confiada y creída es de que la palabra es poder, basta mirar los curules repletos de perfectos oradores, excelentes manipuladores de la retórica, ¡Benditos sean los Griegos! Hoy la política, la mercadotecnia y hasta el merolico que sube al transporte público o vaga por los parques de nuestras ciudades tiene un gentío a su lado… la palabra es poder, y ese poder nos lleva al querer, bueno o malo, consecuencia: EL ACEPTAR.
Te invito a que conozcas este video, posiblemente ya lo has visto, pero independientemente de ello, recuerda que por cada ofensa tuya en contra o a favor de otros es como un clavo martillado en un madero, podrás quitar todos y cada uno de los que le has clavado, pero el vacío que ha dejado, la huella… El orificio difícilmente se logrará redimir, resanar, reparar, incluso lo re-llenamos, pero el clavo que penetró ese madera, el espacio milimétrico, la profundidad, etc., jamás podrá ser llenado por otro aunque sea de la misma pulgada, así como cada ser humano es distinto, las huellas dactilares y nuestro ADN, así sucede con nuestras palabras. Basta con que emanen de nuestra boca y sean recibidas por nuestro interlocutor.
¿Tú de qué estas hecho? o tendrá lugar a la pregunta ¿De que está hecha tu agua?
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¡Que tengas un excelente inicio de semana, lleno de bendiciones, mucha luz e impecables pensamientos y palabras!
¡INTÉNTALO, VALDRÁ LA PENA!
Nadir del C. Hernández
Franquicia En Casa







