Todos de un modo u otro hemos pasado situaciones difíciles, pero lo que realmente determina nuestro estado de ánimo no son las situaciones en sí, sino la actitud que tomamos al reaccionar ante ellas. Hace unos días leí un artículo titulado “Volver a creer en México”. Coincido en que es momento de que nos demos cuenta de que tenemos que dejar de esperar a que el gobierno venga a solucionarnos los problemas. Hoy que se han dado a conocer los documentos de Wikileaks es más que evidente que esa tarea está más allá de su capacidad.
Podemos empezar por estrechar los lazos que nos unen con nuestras familias, hacer lo mejor posible nuestras tareas cotidianas, y participar en la comunidad. Si bien esto no va a cambiar nuestras circunstancias de la noche a la mañana, tenemos que reconocer que estas circunstancias son el resultado de años, muchos, en que como sociedad hemos dirigido mal nuestros esfuerzos. Lo que sí podemos cambiar desde ya es nuestra actitud, enfocándonos no en lo inmediato, sino en el largo plazo. Voy a explicarlo con una anécdota:
Hace ya muchos años en un pueblo se estaba construyendo una catedral. Un hombre pasó por las obras para ver cómo otros trabajaban. Y allí se encontró con tres maestros canteros que, cincel en mano, estaban trabajando la piedra para construir el templo.
Se acercó al primero y le preguntó qué es lo que estaba haciendo. La respuesta fue contundente y malhumorada: “Pues es bastante evidente, ¿no? Aquí picando esta piedra con el sol que hace… y con la sed que yo tengo. ¡Y lo que me queda aún! Por no hablar de lo que me fastidia el capataz que viene a vigilarme a cada rato. A mí también me gustaría ser capataz…”
Al acercarse al segundo cantero y repetir la pregunta, esto fue lo que le dijo sin apenas mirarle a la cara: “Pues aquí ando haciendo lo que me han mandado hacer. Tengo mujer y cuatro hijos, ¿sabe?, así que hay que obedecer para poder llevar el pan a casa.”
Al acercarse al tercero, comprobó que éste trabajaba con un entusiasmo inusitado. Al hacerle la misma pregunta que a los dos anteriores, éste le respondió con satisfacción y orgullo: “¿Que qué estoy haciendo? ¿Acaso no lo ve caballero? ¡Estoy construyendo una Catedral!”
Te invito a que te propongas construir tu propia catedral, desde hoy.







