En este año se conmemoran 200 años del inicio de las guerras de independencia de varios paÃses latinoamericanos, entre ellos mi México. Mucha polémica se ha suscitado alrededor de la celebración.
Que si la lucha inició el 16 pero se empezó a festejar el 15 para que coincidiera con el cumpleaños de Porfirio DÃaz. Que si deberÃamos celebrar el final y no el inicio de la guerra de independencia. Que si los que empezaron el movimiento eran españoles criollos con intenciones diferentes a las que cuenta la historia oficial. Que si nos hemos olvidado de AgustÃn de Iturbide. Que si hoy por hoy somos o no independientes. Que si tenemos o no razones para festejar entre tantos retos que enfrentamos. Que si participar en los festejos serÃa avalar a una administración con la que no estamos conformes. Que si no nos gusta la canción de Aleks Syntek para el bicentenario.
Si me permiten expresar mi opinión, creo que es importante reconocer a quienes estuvieron dispuestos a hacer mucho más que sólo quejarse de la situación, a quienes tuvieron el valor de dar hasta la vida para cambiar sus circunstancias, y cuyas acciones comenzaron a moldear la identidad de un paÃs. Por lo menos recordémoslos a ellos con respeto. Si no nos gusta cómo vivimos ahora… cada pueblo tiene el gobierno que se merece.
Hace unos dÃas hice un viaje corto por carretera; les confieso que me puse tras el volante con cierto grado de ansiedad por todos los acontecimientos violentos que han ocurrido recientemente. Pero ya en el camino, rodeada de la vegetación agradecida por las abundantes lluvias, bajo un cielo azul intenso salpicado de nubes blancas, y enmarcado por montañas de siluetas caprichosas, me sentà tranquila y en paz. Me convertà por momentos en parte del paisaje: fui la mujer que atiende el puesto de fruta, fui el ganado pastando, fui piedra del rÃo bajo el puente, fui ave volando solitaria, fui el hombre de la bandera naranja dirigiendo el tráfico bajo el intenso sol, fui la hilera de pinos junto al sembradÃo de naranjos, fui el caballo que dejaron amarrado a la sombra de un árbol, fui el muchacho ofreciendo chile del monte recién piscado junto a las vÃas del tren, fui el árbol añoso cuyas ramas forman un puente hasta el otro extremo de la carretera. Entonces, con la misma claridad del aire a mi alrededor, recordé todas las razones por las que hago lo que hago, por las que me levanto a trabajar dÃa con dÃa, recordé cuánto amo a México. Claro que soy parcial, puesto que en este paÃs nacà y de este paÃs he recibido muchÃsimo. Entre lo que más valoro, he recibido libertad.
Hoy quiero hacer un compromiso conmigo misma, y con ustedes como testigos. Siendo que es mi intención trabajar para convertir a mi paÃs en un mejor lugar para vivir, voy a empezar por ser mejor persona y asà propiciar un cambio positivo en mi entorno. Un dÃa a la vez, siguiendo estos consejos de Angelo Giuseppe Roncalli:
1. Sólo por hoy trataré de vivir exclusivamente el dÃa, sin querer resolver el problema de mi vida todo de una vez.
2. Sólo por hoy tendré el máximo cuidado de mi aspecto: cortés en mis maneras, no criticaré a nadie y no pretenderé mejorar o disciplinar a nadie, sino a mà mismo.
3. Sólo por hoy seré feliz en la certeza de que he sido creado para la felicidad, no sólo en el otro mundo, sino en este también.
4. Sólo por hoy me adaptaré a las circunstancias, sin pretender que las circunstancias se adapten todas a mis deseos.
5. Sólo por hoy dedicaré diez minutos de mi tiempo a una buena lectura; recordando que, como el alimento es necesario para la vida del cuerpo, asà la buena lectura es necesaria para la vida del alma.
6. Sólo por hoy haré una buena acción y no lo diré a nadie.
7. Sólo por hoy haré por lo menos una cosa que no deseo hacer; y si me sintiera ofendido en mis sentimientos procuraré que nadie se entere.
8. Sólo por hoy me haré un programa detallado. Quizá no lo cumpliré cabalmente, pero lo redactaré. Y me guardaré de dos calamidades: la prisa y la indecisión.
9. Sólo por hoy creeré firmemente aunque las circunstancias demuestren lo contrario- que la buena providencia de Dios se ocupa de mà como si nadie existiera en el mundo.
10. Sólo por hoy no tendré temores. De manera particular no tendré miedo de gozar de lo que es bello y de creer en la bondad.
Te invito a que lo hagas tú también, y entre todos seguir construyendo el paÃs en el que vivimos.







