No obstante lo valiosas que puedan ser estas alusiones, me temo que después del 8 de marzo la realidad de menosprecio seguirá en los mismos niveles. Quizá algunas autoridades mencionen, tanto en el nivel local como en el federal, que creció la oportunidad laboral y su participación, pero con referencias que palidecen frente a la triste realidad.
Yo quiero detenerme en la consideración de algunos aspectos que no se deben olvidar.
1) Según algunos estudios sobre el trabajo comparativo entre hombres y mujeres, la mujer trabaja 10 veces más que el hombre, porque el peso de las labores domésticas sigue recayendo en la mujer, a pesar de la llamada igualdad de sexos en el hogar.
2) De acuerdo a un señalamiento del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), que aparece en el Programa de Derechos Humanos del Distrito Federal, el salario de las mujeres debería aumentarse en un 8.8.% por hora.
Con estos dos parámetros quiero decir que el grueso de los hombres, solteros o casados, olvidamos conceder el enorme mérito que tiene la dedicación al trabajo doméstico de las mujeres y realmente seguimos rehuyendo muchas tareas domésticas.
¿Qué pasaría si nos dedicamos a esas labores? Gran parte de nuestra vida se modificaría y tal vez sentiríamos la necesidad de establecer justicia en la remuneración.
Quizá entenderíamos porque la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en su Convenio 100 estableció la necesidad de igualar la remuneración femenina con la masculina. Quizá entenderíamos porque se hizo la observación 28 del Comité de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en igual sentido.
Pero como no llega esa conciencia del trabajo doméstico a la mayoría de los hombres entonces seguimos pensando que deben ganar menos o que debemos seguir relegándolas, con exigencias como el certificado de maternidad, al ámbito hogareño.
Y para quienes piensan que debe fortalecerse el hogar y la presencia de la mujer en la casa, no estoy diciendo que la vida doméstica sea esencialmente mala, pero la baja remuneración que reciben las féminas y muchos de sus cónyuges les obliga a trabajar el doble o hasta el triple porque no hay conciencia de la necesidad de un pago cabal.
Enhorabuena por todos los discursos del día 8 de marzo. Yo convoco a la valoración del trabajo que hacen las mujeres en la vida del hogar, no sólo desde el plano sentimental, el primer y más importante plano, también en el aspecto económico.
Los economistas, demógrafos, sociólogos y otros especialistas deberán trabajar sobre las categorías de evaluación del trabajo doméstico para revalorarlo. Y de ahí creo que se construye un buen punto de partida para defender los derechos de la mujer en la vida económica y laboral de este país.
Yo por mi parte, estoy agradecida de vivir en una época y lugar en que mi identidad no depende de terceros (la hija de, la esposa de, la madre de), y espero que algún día este tipo de celebraciones ya no sean necesarias porque la igualdad de oportunidades sea una realidad.







